miércoles, 12 de abril de 2017

Allegri y Dybala hacen lo que quieren

Teníamos el aviso. Sabíamos cómo se estaban comportando Juventus y Barcelona. Los italianos, fiables, son impecables en casa y los catalanes, más inestables que nunca con Luis Enrique, ya han resbalado en grandes escenarios. Ambas cosas se evidenciaron y los de Allegri escribieron el discurso del partido. Lo hicieron desde lo posicional hasta lo estructural, desde la altura del bloque hasta el sistema de juego. Este carácter racional y calculador, alejado del más emotivo del PSG, hace que el 3-0 sea un listón difícil de saltar por el Barcelona en el Camp Nou.

jueves, 9 de marzo de 2017

Resurrección en el Camp Nou

En el descanso la remontada estaba cerca. 2-0. Era el momento, uno de ellos, que había predicho con acierto Luis Enrique. Era imposible asegurar si el Barcelona iba a ser capaz de remontar lo que nadie había remontado nunca en Europa, un 4-0. Pero sí se podía afirmar que asomaba del mejor modo posible para intentarlo. En el Camp Nou no tenían que creer, creían. Creían tras el estimulante 5-0 al Celta. Ese partido fue la última fase de una rehabilitación que comenzó tras el Leganés. Un Barça que tenía que pasar un luto, que dijo Luis Enrique, y que fue superando el duelo, que diría Simeone. Sumó victorias mientras reconstituía cuerpo (3-4-3) y mente.

viernes, 11 de noviembre de 2016

El miedo y los puntos

Argentina está a un solo punto de la clasificación directa y quedan 21 por disputar. Y sin embargo se respira pesimismo, miedo. El bloqueo que sufre la selección la descompone. La vemos disfuncional en lo colectivo y amilanada en lo individual. Ni Messi es reconocible. En Belo Horizonte era la esperanza y acabó disuelto en un grupo transparente. La costa queda cerca, pero cualquier orilla parece inalcanzable si no se sabe nadar. Y la albiceleste no sabe. Sus movimientos parecen aleatorios, tan instintivos como inadecuados. Bracea con agonía. Ante Brasil tragó agua. Tose y se angustia. No es novedad.

Argentina llegaba tras perder ante Paraguay en Córdoba (0-1) y replicó las mismas carencias: un equipo atascado y perdido sin capacidad de creación. Aquella noche acabó el partido con un único medio, Mascherano, y 5 atacantes. Un desequilibrio desesperado. La táctica manda mensajes que afectan al ánimo. Sin ideas, solo queda un empuje que acaba siendo barullo y poco más. Tras aquella deforestación, Bauza reforzó el mediocampo ante Brasil. Pero dio igual. El juego con Enzo o Biglia fue tan plano como lo fue con Banega. Es una señal terrible. Al equipo le falta ser un grupo cohesionado con una organización solvente. La Brasil de Tite, que va de victoria en victoria, sí lo es. El 2-0 al descanso se explicaba así. Unos habían explotado sus virtudes y otros habían penado sus carencias.

La segunda parte hizo más dolorosa la impotencia de Argentina. Llegó el 3-0 y suerte tuvo de que la cuenta se quedara ahí. El equipo ya estaba roto, hecho un guiñapo. Apenas Di María sí dio unas pinceladas. Mientras, Messi andaba perdido, cansado de no jugar. Tiene que liderar a Argentina pero en realidad la carga. Y ambas partes, grupo y líder, salen perjudicadas en una mezcla de desorientación y frustración. Se respira pesimismo, miedo. Y sin embargo Argentina está a un solo punto de la clasificación directa y quedan 21 por disputar.

"La derrota es durísima. No pensábamos terminar 3-0. Pensábamos en un partido parejo, peleado en la mitad de la cancha. En el primer tiempo tuvimos juego y llegamos tres veces, pero en el segundo nos costó muchísimo. El partido se quiebra para mí en el 2-0. Ahí tuve que arriesgar y Zabaleta quedó muy solo (entró Agüero por Enzo Pérez), a Brasil se le quedaron muchos espacios. Estamos con fuerza, sabemos que la clasificación depende de nosotros". 
Edgardo Bauza en Rueda de Prensa

"Tengo bronca por el resultado y por el partido. Hasta el 1-0 estábamos bien parados, no pasaba nada. Después de eso nos costó muchísimo y el segundo nos terminó de liquidar. Nos desordenamos, nos empezamos a desesperar. Le dejamos muchos espacios a Brasil cuando sabíamos que no lo teníamos que hacer. Cuando nos golpean nos cuesta reaccionar. Hay que pensar en Colombia siendo conscientes de que hay que cambiar muchísimo para que esta situación cambie. Para el martes hay que trabajar sobre todo la cabeza. Hay que pensar en positivo y en cambiar esta situación de mierda que estamos viviendo".
Leo Messi en Zona Mixta

jueves, 18 de agosto de 2016

Los laterales mutan

En el fútbol moderno, parece que los especialistas empiezan a escasear. La multitarea, dentro y fuera del fútbol, cada vez se impone más. Los delanteros deben marcar, pero también generar juego. Los porteros parar, pero que sepan jugar con los pies... Los laterales no son una excepción. No solo deben ser buenos en su tarea defensiva, resultando competentes en el uno contra uno o, siempre atentos, evitando ser sorprendidos y superados a su espalda. También deben ser un recurso ofensivo más, lo que implica criterio para doblar en ataque y toque para centrar con precisión.

Sin embargo, llega un momento en el que los laterales no se multiplican, sino que mutan. Eso incide en el colectivo. Una muestra de ello la vimos en menos de 24 horas. El viernes debutó el PSG en la Ligue 1 y el sábado hizo lo propio el Manchester City en la Premier League. Ambos equipos dejaron detalles tácticos interesantes, con incidencia. Precisamente, este hecho lo protagonizan dos técnicos acostumbrados a redefinir y expandir el papel del lateral.

El PSG de Emery: los laterales como extremos
La relación de Emery con el puesto de lateral no es nueva. En el Valencia tuvo el olfato para convertir a Jordi Alba en un lateral zurdo con recorrido, protagonizando junto con Mathieu la banda izquierda valencianista. Y en el Sevilla redescubrió un nuevo Aleix Vidal, lo que le ha valido al jugador para ser actual integrante del Barcelona como lateral derecho. Más recientemente, también en el Sevilla, vimos a unos laterales muy profundos y la doble lateralidad (Mariano-Coke) ya vista en Valencia.

Esa sensibilidad especial para los laterales, para descubrirlos, doblarlos y, en definitiva, explotarlos de modo productivo, tiene un nuevo capítulo en París. La declaración de intenciones llegó pronto. Los protagonistas en el segundo amistoso de la pretemporada fueron Aurier y Kurzawa, autores de los goles en el 1-3 ante el Inter de Milán. Y en el primer título en juego, la Supercopa francesa, Kurzawa se hizo muy presente en el juego de su equipo, logrando además una asistencia y un gol.

El inicio liguero fue otra muestra más. Ante el Bastia, los laterales se convertían en auténticos extremos. Así, Lucas Moura y Di María jugaban en posiciones interiores (primera imagen). Con la calidad para filtrar pases del argentino, tenerle en la mediapunta siempre es un peligro efectivo al más mínimo desmarque. Y precisamente así llegó el gol, con uno de sus grandes pases. La acción es clarificadora (segunda imagen). Aurier y Kurzawa están cerca del área, la atacan. De hecho, será Kurzawa, acompañando la acción posterior de Jesé, el que acabe marcando el gol de la victoria. Solo la vocación y función dada a los laterales le permitió estar ahí. El primer gol liguero era pura consecuencia. 
















El Manchester City de Guardiola: los laterales como interiores
Si en el caso del PSG veíamos cómo los extremos se metían al interior y las bandas quedaban para unos laterales muy ofensivos, en el Manchester City de Guardiola son los laterales los que refuerzan el juego interior. Ante el Sunderland, Clichy y Sagna se metían por dentro en fase ofensiva, con Fernandinho en el eje. Los laterales encontraban a Silva y a De Bruyne, o estos encontraban a los laterales, para tratar de generar líneas de pase. El 4-1-4-1 teórico se transformaba, pues, rápidamente.

La relación de Pep con los laterales también tiene precedentes bien conocidos. Ya se vio en el Barcelona con Dani Alves, favorecido por sus aptitudes propias para ser un centrocampista más. Ya en el Bayern, el primer movimiento llegó con Lahm, convertido en mediocentro ante la curiosa mirada de todos. Posteriormente, la polivalencia de Alaba también le llevó a ocupar situaciones interiores. Ese mismo mecanismo se ha visto en el Manchester City tanto en su estreno liguero como en el partido de Champions ante el Steaua de Bucarest. Y con dos parejas de laterales distintas (Clichy-Sagna y Kolarov-Zabaleta).

Esa plasticidad táctica se desarrolla con claridad, y deja ver la mano de Guardiola en el equipo desde el primer momento. Los laterales se vuelven interiores, el mediocentro (Fernandinho hasta ahora) respalda a los centrales y los extremos (Douglas Costa y Coman en el Bayern) aportan amplitud y desborde.


























sábado, 9 de julio de 2016

La Eurocopa es Portugal

Puede que gane el torneo. De momento, ya es finalista. Si aún no se le puede entregar el trofeo, sí podemos ponerle su rostro y hacerla corpórea. La Eurocopa es la Portugal de Fernando Santos. Las historias herocias de Islandia o Gales, así como la fiesta norirlandesa a ritmo de Will Grigg's on Fire, el juego de Alemania o la competitividad de Italia son adornos que embellecieron la Euro. Pero el torneo tiene otra identidad. Es el torneo de la mesura, en el que se mide cada paso y cada pase. No es un torneo sereno, es precavido. Sí, definitamente la Euro de 2016 es la Portugal de Santos.

Aquella tarde frenética ante Hungría lo fue tanto que, con los ojos de hoy, significó un punto de inflexión para la selección lusa. Ese 3-3 con forma de ruleta rusa puso contra las cuerdas a Portugal, hasta el punto de clasificarse solo como una de las mejores terceras. Otro aspecto, ese, del que podrá hacer bandera Portugal: la clasificación novedosa de los terceros de grupo. El descontrol y vértigo en el que se sumió Portugal casi le cuesta muy caro. La Portugal más alocada dio paso a la más cautelosa, como si el otro extremo fuera la ruta para el equilibrio. La nueva selección no solo enterró la de Hungría, sino que por el camino despidió a la que había jugado bastante bien ante Islandia (el primer tiempo, fundamentalmente) y ante Austria. Decisión y dinamismo eran sus virtudes; la definición, su losa. La Portugal de la audacia dio paso a la de la conservación.

El cambio de mentalidad provocó que el torneo luso se dividiera en dos distintos. Y el segundo empezó con el primer cruce, en octavos. El rival fue Croacia, y las primeras modificaciones llegaron en el once: Cédric se adueñó del puesto de Vieirinha (por esa banda esperaba un entonado Perisic), José Fonte era el nuevo acompañante de Pepe y Adrien Silva sería importante en su labor de tapón al vigilar constantemente a Modric. Los minutos fueron pasando marcados por la neutralización mutua. Solo al final, muy al final, al final de la prórroga, un equipo quiso ganar sin pasar por el incierto filtro de los penaltis. Croacia dio ese paso adelante que se transformó en ocasiones, entre otras un cabezazo de Vida con todo a favor. Y justo el equipo que se había permitido un mínimo grado de ambición, que quiso decidir su destino y no esperar a que el destino decidiera por él, fue el que cayó. El que preferió aguantar y esperar, venció en una contra.

Un gol al filo del final de la prórroga solo podía superarse con una tanda, y así sucedió ante Polonia. El equipo seguía adelante y lo hacía sin ganar aún ningún partido en el tiempo reglamentario. Lo hacía con un papel secundario para Cristiano (excepción hecha del partido ante la selección húngara), ya que el mejor delantero era Nani, el jugador más exuberante era Pepe y el héroe, Quaresma. Ya en semifinales, se representó otro partido contenido, medido. Gales y Portugal se alternaban las posesiones y compartían un ritmo bajo. La nota más reluciente era galesa, donde Bale, sin Ramsey de escudero, llevó su liderazgo hasta zonas insospechadas. Pero entonces Portugal volvió a encontrar el acierto y dos goles: el primero a balón parado, con un formidable cabezazo, como acostumbra, de Cristiano, y el segundo con un disparo suyo convertido por la astucia de Nani en feliz asistencia. Ni Bale ya podía levantarlo.

Esa Portugal más afortunada que virtuosa se plantaba finalmente en la final. Una Portugal que no era convincente, pero sí ganadora. Fernando Santos decidió que lo mejor eran los partidos de empate técnico en los que puedes vencer, desde luego, pero en los que también la derrota está en el cogote. Y cuando quien escribe esto trataba de entender cómo su equipo había llegado a las puertas del título europeo, cuando no encontraba los méritos para oportunidad tan generosa, me consolé comprendiendo la lógica y la coherencia del asunto. Precisamente en la Eurocopa de la precaución Portugal pasaba por ser la mejor. Y en la Eurocopa de la precaución, en su final, espera Francia, quedando por el camino una Alemania a contrasentido por iniciativa y manejo. Un equipo así no tenía sitio en París. Sí Portugal, que gane o pierda ya ha hecho suya la Eurocopa.